Itamambuca — Un surftrip con Alsuave
Nano Navarro
Hay viajes que se planean.
Y hay viajes que se sienten desde antes de salir.
Itamambuca fue eso.
Llegamos con Alsuave buscando olas… pero encontramos algo más. Una playa rodeada de selva, un río que desemboca en el mar y esa energía brasileña que te baja el estrés apenas pisás la arena.
Las mañanas empezaban temprano. Café, tablas bajo el brazo y esa mirada constante al horizonte esperando la próxima serie. El sonido del mar en Itamambuca es distinto. Es más crudo, más salvaje. No es una playa de postal perfecta y ordenada. Es naturaleza viva.
Surfeábamos hasta que los brazos no daban más. Algunos agarraban su mejor ola del viaje. Otros se caían mil veces. Pero todos salíamos del agua con la misma sonrisa.
Después venían las charlas en la arena, la música baja, la luz dorada pegando en la selva. La sensación de estar en un lugar donde el tiempo no corre igual.
Filmar ese viaje fue especial. No era solo grabar surf. Era capturar miradas antes de entrar al agua, la concentración, el miedo, la euforia cuando alguien lograba una buena maniobra. Era registrar el compañerismo. Las risas. El cansancio feliz.
Itamambuca tiene algo auténtico. No intenta impresionar. Simplemente es.
Y cuando compartís esa experiencia con una comunidad como Alsuave, todo se vuelve más real. Más humano.
No fue solo un surftrip.
Fue una pausa necesaria.
Un recordatorio de que el mar siempre ordena un poco las cosas.
